
Hoy tuve que recordar un incidente penoso con un señor que vino a la librería. Actitud grosera, enseguida entonces tomo distancia y sé que eso es algo que no puedo tolerar, que nadie tienen por qué tolerar. Siempre he sabido que dos cosas que detesto son la vulgaridad y la estupidez. Pero la segunda es casi inevitable. No sólo somos todos un poco idiotas de vez en cuando en la vida sino que es algo que no se puede evitar. Pero la vulgaridad, la grosería y la extraña y absurda creencia de que otro es superior per se, por estar al otro lado del mostrador me enfurece. Sé que puedo ser altanera y déspota a veces. No me molesta tanto. Lo tengo asumido y sé que me tengo en alto valor como persona y que asi debe ser. Pero el tema del poder…justamente el tema del poder que hablaba ayer con otro cliente es algo que me parece tan detestable. Hay quienes creen tener esa clase de superioridad ya sea social o económica frente a otros. Y el que ellos crean tenerla, aunque para el sistema sea algo factible y automático, que sea conveniente incluso, me parece aborrecible y jamás, tal vez con mucha inocencia (qué se yo) no creo tener el deber de acatar y callar frente a ese poder. Jamás lo haré. Por eso, en cierta medida tengo mi vida hecha a mi medida. Quiero paz y tranquilidad y me he creado sin planes concientes del todo, un nido, un hábitat amigable y distante de esa otra realidad. Ni cuando era niña tuve acceso a ese mundo no por no estar en él en mucha medida, porque la verdad es que estaba algo rodeada por colegio y barrio. Sino porque nunca me gusto y nunca fui de esa forma. No lo soy. Nunca lo he sido y nunca lo seré y me enorgullezco de eso.
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