
martes, 19 de junio de 2007
Segunda parte

Ella
No había nada extraordinario en ella. Siempre estaba sola. Esa vez en el bar o en la calle cuando nos cruzábamos. Cada vez que la veía en el centro ella miraba directo a la pupila. Eso era lo único que la distinguía del resto. Uno se cruza constantemente con gente en esta perra vida y nadie mira a la cara. Por eso la reconocí. Constantemente nos encontrábamos. Nos sabíamos e intuía algo en ella que provocaba que el silencio no fuera una torpeza o un estorbo.
Como esa vez en que absorta leía poesía mientras el ruido ensordecedor aniquilaba toda posibilidad de diálogo. Obviamente nunca me vio. No hablamos. Nunca lo hicimos antes de esta tarde extraña en que me ha saludado y en que la he invitado a un te, con cierta torpeza de mi parte, a mi propia casa. Ella no temió nada. Me pareció una insensatez luego de que las palabras brotaron de mi boca el preguntarle a una desconocida en la calle si quería ir a mi cuartucho. No se inmutó. Fue natural. Nos conocíamos. Nunca tocamos el tema.
Su nombre y el mío aparecieron en medio del gentío sin apuros ni reservas. Persistía cierto silencio pero no era incómodo. Tal como lo había presentido ella callaba las palabras pero sus ojos conseguían darse a entender, contarme su vida en su mudez.
Leía poesía. Me la imagine ilusa en un principio. Una chiquilla llena de ideales irreconciliables con la realidad. Algo fervorosa como lo había sido yo mismo en otra época. Todas ilusiones corrompidas, todas inútiles esperanzas. De eso ya nada quedaba. Pero de alguna forma logre ver que amaba el mismo ruido que a mi me enloquecía. El ruido que nos aislaba del resto, como se ama quizás el viento en remolino sobre la cara.
Tal vez sea solo una niña. Leer poesía algo delataba. Pero su mirada no escatimaba en desnudez sobre la mía. Sobre la de nadie. Nadie puede ser ingenua si es capaz de ir con la frente en alto y contestar mi insolencia de mirarla a los ojos e invitarla a un te a mi casa.
Apenas entramos me arrepentí de haberla llevado esa misma tarde. Todo era un caos. No tenía más que ofrecerle que un te y una pobre conversación. No pude evitar cierta rudeza al entrar que no pareció importarle, y la deje observar mis cosas mientras hervía agua. La pesadez del aire me avergonzó. Por las noches la pasaba muy mal y siempre amanecía un poco extraviado por las mañanas, envuelto en una extraña tela de araña de olores y sensaciones molestas. Era así desde la mañana maldita en que desperté convertido en una silueta silenciosa en el escenario santiaguino.
Sus ojos recorrían mis pertenencias como si leyera un libro.
No era hermosa. Pálida, de ojeras mal disimuladas y labios algo resecos, poseía sin embargo cierta cualidad impagable por estos días. Era real. Estaba en mi cuarto y su inmediatez no me intimidaba. No era tímida. Tampoco lanzaba frases al azar y sin sentido. Medía su voz con cierta exactitud que me recordó la inevitabilidad de las palabras. Y aunque su mirar fuera directo no había ningún atisbo de coquetería. Eso me agradó y pronto dejé de sentir alguna clase mal entendida de pudor por la vulgaridad de mis pertenencias.
“No busques poesía en mi vida “-le quise decir. Ella por primera vez sonrió. Gloriosamente.
Como esa vez en que absorta leía poesía mientras el ruido ensordecedor aniquilaba toda posibilidad de diálogo. Obviamente nunca me vio. No hablamos. Nunca lo hicimos antes de esta tarde extraña en que me ha saludado y en que la he invitado a un te, con cierta torpeza de mi parte, a mi propia casa. Ella no temió nada. Me pareció una insensatez luego de que las palabras brotaron de mi boca el preguntarle a una desconocida en la calle si quería ir a mi cuartucho. No se inmutó. Fue natural. Nos conocíamos. Nunca tocamos el tema.
Su nombre y el mío aparecieron en medio del gentío sin apuros ni reservas. Persistía cierto silencio pero no era incómodo. Tal como lo había presentido ella callaba las palabras pero sus ojos conseguían darse a entender, contarme su vida en su mudez.
Leía poesía. Me la imagine ilusa en un principio. Una chiquilla llena de ideales irreconciliables con la realidad. Algo fervorosa como lo había sido yo mismo en otra época. Todas ilusiones corrompidas, todas inútiles esperanzas. De eso ya nada quedaba. Pero de alguna forma logre ver que amaba el mismo ruido que a mi me enloquecía. El ruido que nos aislaba del resto, como se ama quizás el viento en remolino sobre la cara.
Tal vez sea solo una niña. Leer poesía algo delataba. Pero su mirada no escatimaba en desnudez sobre la mía. Sobre la de nadie. Nadie puede ser ingenua si es capaz de ir con la frente en alto y contestar mi insolencia de mirarla a los ojos e invitarla a un te a mi casa.
Apenas entramos me arrepentí de haberla llevado esa misma tarde. Todo era un caos. No tenía más que ofrecerle que un te y una pobre conversación. No pude evitar cierta rudeza al entrar que no pareció importarle, y la deje observar mis cosas mientras hervía agua. La pesadez del aire me avergonzó. Por las noches la pasaba muy mal y siempre amanecía un poco extraviado por las mañanas, envuelto en una extraña tela de araña de olores y sensaciones molestas. Era así desde la mañana maldita en que desperté convertido en una silueta silenciosa en el escenario santiaguino.
Sus ojos recorrían mis pertenencias como si leyera un libro.
No era hermosa. Pálida, de ojeras mal disimuladas y labios algo resecos, poseía sin embargo cierta cualidad impagable por estos días. Era real. Estaba en mi cuarto y su inmediatez no me intimidaba. No era tímida. Tampoco lanzaba frases al azar y sin sentido. Medía su voz con cierta exactitud que me recordó la inevitabilidad de las palabras. Y aunque su mirar fuera directo no había ningún atisbo de coquetería. Eso me agradó y pronto dejé de sentir alguna clase mal entendida de pudor por la vulgaridad de mis pertenencias.
“No busques poesía en mi vida “-le quise decir. Ella por primera vez sonrió. Gloriosamente.
...
(…SERIA PRECISO LIMPIAR UN POCO SU ROSTRO. AMANECIA EN SUDORES EXTRAÑOS CADA MAÑANA. LAS NOCHES, AUN CUANDO MEDIARA EL SILENCIO DE SU PIEZA, PARECIAN SIEMRPE VERTIGINOSAS. ALGO BORDEABA EL DESQUICIAMIENTO FEROZ DE LA SOLEDAD, LAS MINIMAS PALABRAS CRUZADAS CON OTROS.
NO LE GUSTABA CONVERSAR. EN OTRA EPOCA HABIA AMADO LAS PALABRAS Y CIERTA SONORIDAD BRUTAL DE ALGUNA DE ELLAS. PERO CUANDO COMENZO A PERDER LA CAPACIDAD DE HILAR UNA ORACION PREFIRIO CALLAR. EL SILENCIO PROMETIA OLVIDAR LOS TROPEZONES Y LO ARITMICO DE SU VOZ. ESCUCHARSE ZIGZAGUEAR LO ENFURECIA. DE LAS CLASES DE TEATRO DEBIO PRONTO DUDAR. TODA SU VIDA SE CONVERTIA EN UNA PARADOJA. PARA AUMENTAR LA RAREZA DE SU CONDICION, DECIDIO OPTAR POR LOS TALLERES DE MOVIMIENTO Y MIMICA QUE SIEMPRE HABIA DETESTADO. AL MENOS EN ELLOS SE REDUCIA A UNA SILUETA. Y UNA SILUETA NO HABLA.
NO QUIZO VER ESPECIALISTAS CUANDO PERDIO EL HABLA. LAS GRANDES BATALLAS POR VOLVER A CONSTRUIR PALABRAS Y ORACIONES LOS HABIA DADO SOLO, Y SOLO EL PODRIA HACER UN ESFUERZO POR RECUPERARSE. EN QUÉ PODRIA AYUDAR UN EXTRAÑO. NO CREIA EN TERAPIAS NI TRAUMAS PASADOS. LO SUYO HABIA SIDO UN MAL SUEÑO CONVERTIDO EN REALIDAD. TAN SOLO SE HABIA DESPERTADO UN DIA ENVUELTO EN SU HUMEDAD Y SIN PODER CONCRETAR EL SONIDO EN SUS LABIOS. AL PRINCIPIO SE DESESPERO. PRONTO COMPRENDIO QUE MUCHO NO QUERIA HABLAR CON EL RESTO Y GUARDAR SILENCIO NO PODRIA SER TAN MALO. CUANDO RECORDO QUE LO SUYO POR ESTOS DIA ERA EL TEATRO SE MOFO DE SI MISMO EN TONO PATETICO. NADA PODIA HACER)…
NO LE GUSTABA CONVERSAR. EN OTRA EPOCA HABIA AMADO LAS PALABRAS Y CIERTA SONORIDAD BRUTAL DE ALGUNA DE ELLAS. PERO CUANDO COMENZO A PERDER LA CAPACIDAD DE HILAR UNA ORACION PREFIRIO CALLAR. EL SILENCIO PROMETIA OLVIDAR LOS TROPEZONES Y LO ARITMICO DE SU VOZ. ESCUCHARSE ZIGZAGUEAR LO ENFURECIA. DE LAS CLASES DE TEATRO DEBIO PRONTO DUDAR. TODA SU VIDA SE CONVERTIA EN UNA PARADOJA. PARA AUMENTAR LA RAREZA DE SU CONDICION, DECIDIO OPTAR POR LOS TALLERES DE MOVIMIENTO Y MIMICA QUE SIEMPRE HABIA DETESTADO. AL MENOS EN ELLOS SE REDUCIA A UNA SILUETA. Y UNA SILUETA NO HABLA.
NO QUIZO VER ESPECIALISTAS CUANDO PERDIO EL HABLA. LAS GRANDES BATALLAS POR VOLVER A CONSTRUIR PALABRAS Y ORACIONES LOS HABIA DADO SOLO, Y SOLO EL PODRIA HACER UN ESFUERZO POR RECUPERARSE. EN QUÉ PODRIA AYUDAR UN EXTRAÑO. NO CREIA EN TERAPIAS NI TRAUMAS PASADOS. LO SUYO HABIA SIDO UN MAL SUEÑO CONVERTIDO EN REALIDAD. TAN SOLO SE HABIA DESPERTADO UN DIA ENVUELTO EN SU HUMEDAD Y SIN PODER CONCRETAR EL SONIDO EN SUS LABIOS. AL PRINCIPIO SE DESESPERO. PRONTO COMPRENDIO QUE MUCHO NO QUERIA HABLAR CON EL RESTO Y GUARDAR SILENCIO NO PODRIA SER TAN MALO. CUANDO RECORDO QUE LO SUYO POR ESTOS DIA ERA EL TEATRO SE MOFO DE SI MISMO EN TONO PATETICO. NADA PODIA HACER)…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


